3. La escultura griega exenta (I)

Estilos / Periodización histórica

  • Geométrico, 1050-720 a.e. / Época Oscura
  • Orientalizante, 720-600 a.e. / Alto-Arcaismo
  • Arcaico, siglo VI / Arcaísmo Pleno

La escultura griega exenta remonta a la «Época Oscura», antes de la reaparición de la escritura en Grecia en el siglo VIII a.e., cuando surge como objeto de carácter religioso y cuyos antecedentes inmediatos serían las pequeñas figuras de bronce, terracota y madera depositadas como ajuar funerario en las tumbas u ofrendas en los santuarios —agalmata— a lo largo del Período Geométrico (1050-700 a.e.) y Orientalizante (700-600 a.e.). Con esta funcionalidad se mantendría en el tiempo la presencia de todo tipo de figurillas, pero compartiendo espacio con estatuas de mayores dimensiones.

Estilo geométrico (Época Oscura)

En el repertorio de estas figuras destacan dos escuelas, la «argiva» (de Argos) y la «corintia» (de Corinto), esta última más esquemática. Entre estas esculturas tenemos tanto figuras individuales como grupos, permitiendo, según el caso, una perspectiva visual tridimensional o solo lateral.

1. Yegua con cría, Olimpia
3. Grupo de bronce: hombre y centauro de Olimpia

Las figuras de bronce de caballo conviven con las humanas, cuyas características vuelven a asemejarse a las representaciones figuradas de la cerámica geométrica. Las figuras son de pequeño tamaño y aparecen también en contexto religioso. A veces se muestran en grupo, como es el caso del hombre y el centauro de Olimpia, que no mide más de 11 cm de altura, y representa, supuestamente, una lucha (fig. 3). Algunas de estas figuras, en forma de guerreros o caballos, solían coronar calderos o trípodes de bronce, que constituían los ejemplos más ricos de ofrendas votivas.

Auriga, Olimpia, 2ª mitad s. VIII a.e
Píxide cerámica, Atenas, ca. 750 a.e.

La Diosa del Dypilón (por el nombre de un cementerio ateniense; s. VIII), presenta un aire de familia con las diosas sirio-fenicias —tipo Astarté—, anunciando ya el predominio del estilo orientalizante del siglo siguiente.

Tiene unos 25 cm de altura, está hecha en marfil y su único atuendo es un gorro cilíndrico de origen fenicio (polos), decorado con una greca con meandros.

Estilo orientalizante (Época Arcaica)

Entramos en un período que coincide con un fuerte aumento demográfico, lo que provoca una presión sobre el territorio y el sistema socio-económico aristocrático que conduce a la emigración masiva de población hacia nuevos territorios. Es lo que se conoce como «las colonizaciones griegas» de época arcaica (que tienen lugar en dos fases, entre los siglos VIII-VI a.e.)

Los comienzos de este fenómeno, que incluye también la creación de puertos de comercio o el asentamiento de mercaderes en otros ajenos (los conocidos emporia, como Al-Mina en Siria o Naucratis en Egipto), estimula la intensificación del comercio en general, lo que facilita la llegada de numerosos objetos procedentes del mundo oriental (Egipto, Anatolia, Levante mediterráneo…) y la asimilación de aquellos gustos y modelos, lo que provoca una profunda influencia sobre las producciones propias, no solo en las artes figurativas, sino en la cultura en general (literatura, religión, etc.)

A pesar de la heterogeneidad regional, surge en este momento una nueva imaginería (animales mitológicos típicamente orientales: grifos, esfinges; además de motivos decorativos como palmetas, rosetas, etc.), cuya principal característica y novedad en la figura humana respecto al período geométrico será, sin embargo, la tendencia hacia la elaboración de piezas cada vez de mayores dimensiones.

Escultura Dedálica (siglo VII a.e.)

Este estilo (que recibe su nombre de Dédalo, el artesano mítico constructor del laberinto del Minotauro en Creta) es el primero que propicia la aparición de la escultura de gran tamaño en Grecia, entre el tamaño natural y el monumental.

Existen fundamentalmente 3 tipos escutóricos: el joven desnudo, caminante o estante; la joven vestida estante; y la joven vestida sedente. Los dos primeros son los claros antecedentes de la característica estatuaria griega arcaica: el kuros y la koré, el muchacho y la muchacha, cuyos rasgos orientalizantes, específicamente egipcios, son más que evidentes. Hacia estas formas evolucionará ya la escultura a partir de finales del siglo VII, permaneciendo vigentes hasta los comienzos de la época clásica (principios s. V)

Se supone que en esta época ya existían imágenes de divinidades en madera o bronce destinadas al culto en los santuarios, pero no parece haberse conservado ninguna. La mayoría de las conservadas en bronce son todavía de tamaño reducido (por tanto, para otros usos, seguramente votivo), además de las hechas en piedra caliza. Desde el punto de vista estilístico, presentan los siguientes rasgos:

– cabezas de contorno triangular, frente estrecha y ojos almendrados

– cabelleras largas, abundantes y rizadas, semejantes a pelucas; ellos, lampiños.

– los cuerpos masculinos tienen el torso abultado, cintura muy alta y estrecha, y las piernas redondeadas; los cuerpos femeninos, coincidiendo en la forma de la cintura, al ir vestidas presentan un tracto inferior de forma cilíndrica.

– estarían todas policromadas.

Ejemplar de figura femenina (la más antigua conocida; reconstrucción policromada): Dama de Auxerre

Mide 75 cm de altura. Representa a una mujer vestida con un peplo con decoración geométrica incisa, cuadrados concéntricos en la falda, escamas de pez en el corpiño, cinturón ancho y manto. La mano derecha descansa sobre el pecho, mientras la otra se extiende sobre el costado izquierdo. Su peinado es el de rizos abultados, semejante a las pelucas regias egipcias.

Ejemplar de figura masculina: Apolo de Anticlos

Cabeza pequeña, largas trenzas, torso triangular, hombros anchos, cintura estrecha rodeada por un cinturón, miembros fuertes, gluteos prominentes… Algunas de estas figuras presentan panoplia militar, mientras otras se muestran completamente desnudas.

Presenta una inscripción votiva en los muslos, revelando su función como ofrenda dedicada al dios Apolo.

Como podemos observar, son obras rígidas, frontales y hieráticas, lo que hace referencia a esa solemnidad propia de las representaciones ceremoniales o religiosas. En la órbita de Atenas, concretamente en la isla de Delos, en las Cícladas, se ha localizado una escultura de tipo dedálico, esta vez de tamaño natural y hecha en mármol, conocida como Koré de Nicandra. Esta parece ser la primera de este tamaño conocida, inaugurándose así la estatuaria de tipo monumental, aún tratándose igualmente de una estatua de carácter votivo: como figura en su inscripción, fue ofrecida por Nicandra de Naxos a la diosa Ártemis.

Arcaico (s. VI a.e.)

Es en este momento cuando se consolida la escultura monumental, que acompaña al nacimiento del orden dórico en los templos.

Como se ha dicho, la iconografía predominante en esta época es la del Kouros y la Koré, el muchacho y la muchacha plasmados en su plenitud física. Ambos tipos tienen rasgos semejantes en su concepción estilística: acusan marcada rigidez y frontalidad, como si los cuerpos se viesen atrapados en el bloque de mármol en el que se esculpen. Las formas anatómicas siguen la pauta geométrica establecida en el período anterior: rostro y torso triangulares, cráneo plano, frente estrecha, pelo largo…. Sorprende, sin embargo, el esmero y detallismo en la representación del peinado, consistente en hileras de largas trenzas que se dejan caer sobre el torso. Los kouroi se muestran siempre desnudos, mientras que las korai siempre lo hacen vestidas. Veremos su evolución a lo largo de la época arcaica.

El kuros de la imagen (Nueva York, mármol, comienzos del s. VI a.e) reproduce exactamente el canon egipcio —21 cuadrados desde los pies hasta los arcos ciliares. Representa a un joven en plena forma física, desnudo, erguido y adelantando un pie, con los brazos caídos y los puños cerrados, esquema también inspirado en modelos egipcios. Sin embargo, a diferencia de aquellos, el kuros griego no necesita ningún soporte para mantenerse erguido, lo cual revela una mayor pericia técnica.

Los kuroi griegos también se caracterizan por la típica «sonrisa arcaica» o «egineta», un gesto en la boca semejante a una sonrisa, que quiere interpretarse, no como expresión de alegría (a veces incoherente con la propia escena, ver imagen), sino como convencionalismo estilístico «que pretende demostrar un estado de trascendencia».

Guerrero herido con sonrisa egineta (templo de Aphaia, Egina, s. VI)

La funcionalidad de estas esculturas exentas sigue siendo la votiva, aunque también pasaron a usarse como marcadores de tumbas —especialmente en el Ática—, a modo de estelas, manifestando en cualquier caso la elevada posición económica de sus propietarios. Lo mismo se puede decir respecto a las korai, tanto desde el punto de vista funcional como social. Se supone que no son retratos, sino expresión idealizada de los jovenes que se inician a la vida adulta, preparándose para participar en el ejército y para casarse, respectivamente.

Progresivamente este modelo se va naturalizando, dejando atrás el viejo esquematismo geométrico e introduciendo un modelado menos anguloso, más orgánico, en la anatomía.

A diferencia de la desnudez y el pie adelantado de los kuroi, las korai van vestidas y permanecen estáticas, con los pies juntos —salvo alguna excepción, como la Koré de Eutidikos, pero suelen levantar el brazo para sostener una ofrenda. También conservan mejor la policromía que solía adornar sus vestimentas y sus tocados.

Como marcadoras de tumbas, destaca la de Phrasikleia, el nombre de la difunta que figura en la inscripción, en la que se dice que murió kore «doncella». Porta numerosos adornos personales (pulseras, pendientes, collar y corona —stephane), algunos de ellos representando al loto, que también muestra la figura entre los dedos de la mano izquierda, aludiendo sin duda a su simbología funeraria (pureza, regeneración, renacimiento…). Sin la basa la escultura mide ca. 1,80 cm

Otra tipología de korai es la que posiblemente represente a las diosas (esculturas de culto?), como se interpreta a la conocida como Koré del Peplo, la cual parece conservar indicios de haber llevado incrustada una corona de rayos. También se cree que podría portar en la mano derecha con el puño cerrado una flecha, y un arco en la mano del brazo que falta. La representación de animales mitológicos y salvajes en su peplo, como la esfinge, el león, el javalí, etc, permiten suponer que se trata de la representación de Ártemis, la diosa griega de los espacios salvajes, virgen y cazadora. (Aunque esta es solo una interpretación entre otras posibles).

Perserschutt «escombros persas»

Gran parte de la escultura griega arcaica que se ha conservado es de procedencia ateniense y se debe al enterramiento, por razones religiosas, de los restos de la destrucción de la acrópolis por parte de los persas en en 480 a.e., en la Segunda Guerra Médica. Una de las obras más famosas es la que vemos en la imagen aneja: el Moscóforo («el que lleva el ternero»), sin duda un exvoto que representa a un oferente, esta vez barbado y con su sonrisa arcaica (obra de Phaidimos, primer escultor ático conocido a través de la epigrafía).

En el mismo depósito han aparecido obras señaladas, como las mencionadas Koré del Peplo y la de Eutidikos, además de la de Antenor, la 670 o el jinete Rampín (escultura más antigua con la representación de un caballero). Algunas de estas piezas, como el Moscóforo, con sus ojos huecos, parecen haber contado con incrustaciones de otros materiales para dar viveza a la mirada. La Koré 670, por su parte, conserva gran parte de la policromia en la cabellera o incluso en los pendientes, además de mostrar un chitón muy ajustado y rico en pliegues en la parte superior.

La Koré de Antenor (por el nombre del escultor), en mármol de Paros y datada a finales del s. VI, muestra ya una clara evolución técnica y estilística. Se trata de una pieza de más de 2 metros, en la que se vislumbra la anatomía por debajo del chitón y del himatión. Esta característica, además del movimiento de brazos y el tratamiento detallista de los pliegues del manto, nos acerca al período maduro de la escultura arcaica.

en este caso estamos antes la ofrenda a Atenea de la imagen por parte del ceramista Nearchos.

Conclusión

La escultura griega habría de tardar todavía en desprenderse de los rasgos que le aportaban ese aire orientalizante. Al igual que aquella escultura sirio-fenicia o egipcia, la estatuaria griega se vió en un principio fuertemente constreñida por la materia prima, mostrándose paulatinamente liberada de esta constricción, fuese marco arquitectónico o soporte material. Ese proceso atravesaría varias épocas y estilos, desde la escultura dedálica hasta la arcaica —cuyos modelos más avanzados técnicamente son, sin embargo, los arquitectónicos, que aquí no tratamos—, pasando por el estilo severo, el clasicismo pleno y tardío, hasta alcanzar el culmen del virtuosismo técnico y estilístico de la época helenística, que entronca directamente ya con la escultura romana.

Hallazgos recientes (2025)

LA KORE DE VULCI

En fechas recientes fue localizada en Vulci —ciudad etrusca— la cabeza de una escultura «tipo kore» próxima a los restos arqueológicos de un templo arcaico de estilo etrusco-itálico (períptero, sobre podio, con cella simple). La escultura es de tamaño casi natural, está tallada sobre mármol, conserva policromía, y se relaciona estilísticamente con las Korai de la acrópolis ateniense, lo que dataría la estatua a comienzos del siglo V a.e.

Posee el mérito especial de ser una de las escasísimas estatuas monumentales griegas localizadas fuera de territorio heleno, pero encaja a la perfección en una ciudad del mundo etrusco, donde por entonces se importaban notables cantidades de objetos de lujo áticos, especialmente vasos de figuras rojas, que comenzaban a abundar frente a las de figuras negras justamente en este período.

En general, todo el entorno de aparición de esta kore presenta fuerte influjo griego: los templos, y también las famosas tumbas etruscas de Vulci, donde abundan los mencionados vasos áticos depositados como ofrendas, y se imponen los temas mitológicos griegos en las decoraciones de terracotas y frescos que decoran las arquitecturas templarias y los interiores de las cámaras funerarias.

(Notica extraída de Guillermo Carvajal, «Hallada la cabeza de una Kore procedente de Atenas en la antigua ciudad etrusca de Vulci, una de las escasas esculturas arcaicas encontradas fuera de Grecia», en la La Brújula Verde).

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