1. La Monarquía
La casa romana evoluciona desde la simple cabaña construida con materiales perecederos —madera, adobes…—, de acuerdo a un modelo común e indiferenciado para todas las casas, hasta el palacio imperial, construido con los materiales más lujosos y sofisticados que puedan proveer, tanto Italia como las provincias.
Entre ambos tipos de construcciones median siglos de evolución arquitectónica, con la incidencia de muy diversos factores, en especial la influencia externa de etruscos y griegos, con quienes los romanos convivieron desde el surgimiento de su ciudad.
A lo largo de este capítulo pasaremos revista a esa evolución de la casa romana desde sus comienzos.
Durante la Monarquía (ss. VIII-VI a.e.) El nacimiento de la Urbs
La casa prehistórica latina no se distingue sustancialmente de la cabaña ovalada o redondeada con hogar central que por entonces también utilizaban los etruscos, ambas bien documentadas a través de las réplicas que constituyen las llamadas urnas oikomorfas (en forma de casa) empleadas como depósitos de cenizas en los ritos de incineración de los muertos.

El lugar en el que surgió Roma estaba configurado como un conjunto de colinas rodeando un valle recorrido por el río Velabro, que vertía sus aguas en el Tíber. Existen restos prehistóricos en ese entorno muy anteriores a la fundación de la ciudad, pero nos centraremos exclusivamente en aquellos que están en el origen de Roma como ciudad-estado.

Los restos más antiguos del período monárquico, que se inaugura según la tradición con el reinado de Rómulo y su fundación en el 753 a.e., se sitúan en la cumbre del Palatino, colina que habría de fortificarse (a modo de castro) efectivamente en el siglo VIII a.e.
Las escavaciones arqueológicas en ese lugar descubrieron los restos de una casa, o más bien un fondo de cabaña (zanjas de cimentación y agujeros de poste), de planta ovalada con pórtico, de pequeñas dimensiones (entre 5×3’5 m.), que habría sido levantada mediante entramado de madera y barro, con cubierta vegetal.
Estos restos son conocidos como la «Casa del Jefe» por haber sido localizados en el sector sur del Palatino, donde según la tradición se situaba también la domus Romuli o Casa de Rómulo, primer rey y mítico fundador de la ciudad.



Al haber surgido el primer recinto fortificado en torno a esta colina, se conformaba también lo que se daría en llamar la Roma Quadrata, la forma de la Roma primitiva orientada según los puntos cardinales y delimitada por una muralla trazada según el conocido rito de fundación etrusco, gesto atribuido precisamente a Rómulo.


La muralla consistiría en un ancho muro de tierra armado con postes, con puertas flanqueadas por bastiones, también de tierra pero provistos de zócalos de bloques de toba (piedra volcánica local). Habría una puerta al lado sur, que conectaría con el valle del Tiber, de nombre desconocido, más otras dos que se abrían hacia el norte, hacia la zona del valle en la que habría de surgir el foro: la Porta Mugonia y la Porta Romanula, datables en torno a 730-726 (en el mapa adjunto, en el ángulo superior izquierdo del recinto).

Obviamente Roma era por entonces más una aldea que una «urbs» o ciudad, aunque sería justamente a partir de este momento cuando comenzaría a desarrollarse como núcleo urbano. Prueba de ello, en el plano de la arquitectura doméstica, es la emergencia del primer palacio conocido: la Domus Regia, es decir, la Casa del Rey; y, en el plano de la arquitectura pública, la construcción del Aedes Vestae o Templo de Vesta, la diosa que custodia el fuego sagrado de la comunidad.
El período de los reyes latinos
(Numa Pompilio, Tullo Hostilio, Anco Marcio)
Cabañas como la anteriormente descrita perduran hasta mediados del siglo VII, pero todavía en el siglo VIII se documentan los vestigios de una nueva planta compleja, con diferentes ambientes. Su primer testimonio no es una casa cualquiera, sino la Domus Regia (o atrium regium). Su construcción se atribuye al gran organizador de la vida religiosa de la nueva ciudad, Numa Pompilio, el sucesor de Rómulo, sobre el lugar en el que previamente habría tomado los auspicios, es decir, la consulta a Júpiter sobre el lugar idóneo para la construcción de los templos.
Son escasos sus vestigios, pues ha sido constantemente remodelada desde la época arcaica hasta la época imperial. El edificio disponía de dos estancias paralelas y un porche columnado en el centro, pero sus materiales constructivos seguían siendo de madera y barro. (http://www.proromanis.eu/topics/roman-building-projects/roman-building-projects-outline/roman-building-projects-archaic/regia/)

Las construcciones del valle del Velabro
En el siglo VIII a.e. se observa como las construcciones bajan del Palatino al valle del Velabro (el río que corre entre las colinas romanas), donde luego se habrá de construír el foro romano. Estas construcciones, generalmente de tipo religioso, deben situarse allí donde señalen los augurios que comunican la voluntad divina. Para ello se construye una pequeña choza o tabernaculum con un templum anejo, que consiste en un espacio abierto y perfectamente orientado hacia los 4 puntos cardinales, que permita al sacerdote experto en signos celestes, el augur, interpretar los rayos y relámpagos enviados por Júpiter para señalar los lugares destinados a la erección de los diferentes templos.
Sobre ese tabernaculum habría de construirse la domus Regia, que la tradición literaria latina atribuye al rey Numa Pompilio. Se trata de una construcción compleja, todavía hecha de materiales perecederos, pero con planta dividida en tres estancias, un pórtico y un gran patio vallado en frente. En la sala central, según la interpretación de Carandini, se situaba un banco corrido pegado a lo largo de las paredes, señalando un lugar para la celebración de banquetes, y a al mismo tiempo un templo dedicado a Marte y a Ops —el dios de la guerra y la diosa de la abundancia. —, con el de los Lares —dioses protectores de la casa, en este caso de la ciudad.
Aquí se guardaban los talismanes mágicos de Roma, como la lanza de Marte o los ancilia, los 12 escudos formados por el ancile enviado del cielo por Júpiter a Numa y sus 11 réplicas, y la lanza de Marte, a quien también se le atribuían propiedades de protección mágica.


Tras la desaparición de la realeza, la Regia —así llamada desde entonces— dejaría de ser ocupada por el rey (del que en realidad nunha fue residencia) para convertirse en sede de su sucesor sacerdotal en época republicana, el Pontífice Máximo, encargado de la custodia de los archivos de la ciudad, la elaboración del calendario (los Fasti) y de los Annales Maximi (registro de los hechos memorables), todo ello grabado en piedra. Pero esto ya en período Republicano.
La Domus Regia se situaba también muy próxima al Lucus Vestae, el santuario dedicado a la diosa custodia del fuego sagrado de la ciudad, donde se situarían el templo de Vesta y la casa de las vestales, sus sacerdotisas (Carandini 2007: 59).
Su construcción es seguramente anterior al atrium regium, según las fuentes históricas, pero en general forman un conjunto cultual construído en torno a finales del siglo VIII y comienzos del VII.
El aedes Vestae ha atravesado también diferentes momentos constructivos, pero en principio podía asemejarse a una casa lacial típica, con una planta rectangular con esquinas redondeadas y un pórtico, que luego evolucionaría hacia un templo de planta tipo tholos (redonda).

Localización del Lucus Vestae y la Domus Regia, situados en le valle, entre la Porta Romanula y la Porta Mugonia:

Estas primeras construcciones públicas que bajan hacia el valle vemos como se van situando al pie de las colinas, cuando la zona del futuro foro todavía podía anegarse en épocas de crecida.
También se situaba en la ladera del Capitolio (colina situada en frente del Palatino) la primera construcción destinada a la reunión de la asamblea (el comitium), que en época tan temprana todavía no era el «comicio centuriado», mucho más tardío.
Esta construcción, el comitium, que aprovechaba la ladera del monte para utilizarla como graderío, era un recinto circular en el cual, además de congregarse el pueblo romano para las deliberaciones de carácter político, también se celebraban luchas de gladiadores (vieja institución latina relacionada con la celebración de juegos fúnebres de personajes ilustres). A su lado se erigió también un templo a Vulcano, antigua deidad latina relacionada con el fuego telúrico (de donde procede el nombre del volcán).
Al lado del Comitium o comicio (ver enlace) se situaba la curia, el lugar de reunión de otra asamblea, pero esta aristocrática, formada por los Patres (los antecesores de los patricios): el Senado, o «consejo de ancianos». Tras la integración de nuevos ciudadanos nobles latinos resultado de la conquista de Alba Longa, el rey conquistador y tercero de la dinastía latina, Tullo Hostilio, habría construído una nueva curia conocida por su nombre: Curia Hostilia.

Por entonces, y a lo largo de toda la dinastía de los reyes latinos (entre los siglos VIII y comienzos del VI a.e.), el ager romanus antiquus —el territorio de la urbs— englobaba ya todo el territorio de las colinas inmediatas al Palatino (excepto el Aventino, incorporado más tarde), completándose la incorporación de la zona del Foro Boario (el mercado del ganado) adyacente al puerto fluvial del Tiber, durante el reinado del último rey latino Anco Marcio. Sin embargo, esta zona no será completamente urbanizada hasta el período siguiente.

La zona del Capitolio, que habría de ser central en el desarrollo histórico de Roma, constituía un espacio sagrado al margen de la Roma Quadrata de Rómulo, quien no obstante habría dedicado en su cumbre un templo a Júpiter Feretrius, donde se guardaba la piedra sagrada sobre la que se juraba, convirtiéndose así en un dios garante de los juramentos. Al mismo tiempo se construía en el Arx «ciudadela», cumbre aneja al Capitolio, otro templo dedicado a Juno.
La conclusión de la urbanización de Roma, incluyendo la desecación del Velabro y la pavimentación del foro, o la incorporación a la ciudad del Aventino, entre otras muchas obras públicas, tendrían lugar durante el siguiente período histórico, conocido como la Dinastía de los Reyes Etruscos (siglo VI a.e.)
El período de los Reyes Etruscos (Tarquinio Prisco, Servio Tullio, Tarquinio el Soberbio)
Tarquinio Prisco o «Antiguo»
Fue el primer rey de la dinastía etrusca. Al final de su reinado ya habían sido ejecutadas importantes obras públicas, como la desecación mediante un canal que atravesaba el valle (Cloaca Maxima) y vertía en el Tíber, la nivelación y pavimentación del foro, y las nivelaciones también de las áreas del Comicio y el Foro Boario. Fue entonces cuando se definieron también los trazados del cardus y el decumanus de la Urbs.
Además de obras tan trascendentes como el Foro y la Cloaca Maxima (cubierta con bóveda de cañón en época republicana), se atribuye a este rey el comienzo de las obras del Templo Capitolino de Iuppiter Optimus Maximus «Júpiter el Mejor y más Grande». El templo, de tamaño colosal (hasta 3000 m2), del que sólo se conservan los cimientos, visitables en los Museos Capitolinos, sólo habría de completarse en época del último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio.
Se trataba de una gran superficie casi cuadrada (63×53 m.), estilisiticamente un templo itálico de tradición etrusca, con la mitad frontal ocupada por numerosas columnas alineadas en 3 filas, y el interior dividido en triple cella, cada una de ellas dedicada a cada uno de los miembros de la Tríada Capitolina, los dioses superiores romanos: Júpiter, Juno y Minerva.

El templo capitolino se inauguró en 509 a.e., coincidiendo con la inauguración de la República.
Servio Tullio
Pertenece a la dinastía etrusca aunque se supone que era latino. A el se le atribuye la creación del primer censo romano (el registro y clasificación según patrimonio de todos los ciudadanos romanos), que serviría para la organización del pueblo en diferentes tribus (en principo, 4 urbanas: Suburana, Esquilina, Colina y Palatina) y de los comicios centuriados, aunque esta asamblea ciudadana se considera actualmente de época republicana).
Es el artífice, como su mismo nombre indica, del Muro Serviano, que rodeaba ahora todo el espacio ocupado por la ciudad. Aunque se conoce con este nombre un segmento de viejas murallas, en realidad esos restos corresponden a la reconstrucción efectuada entre 384-359, después de que los galos saqueasen la ciudad en el 390 a.e. y conviniese reforzar las defensas.

A Servio se le atribuye la construcción de varios templos, como el Dianium del Aventino y el conjunto templario dedicado a Fortuna y Mater Matuta, erigidos en el Foro Boario «mercado de ganado», lugar cuyos restos arqueológicos muestra presencia comercial desde el Bronce Medio (ca. 1150 a.e.), de lo que se ha deducido la existencia de un emporio o centro comercial en esa zona tiberina desde la prehistoria.
Los templos de Fortuna y Mater Matuta eran dos templos gemelos, uno de ellos conservado bajo la actual iglesia de Sant’Omobono y el otro escavado arqueológicamente (datados en el segundo tercio del s. VI a.e). Su ubicación en torno a esta zona de mercado se relaciona con el carácter de Fortuna como una diosa relacionada con la riqueza y de Mater Matuta «la Aurora» como guía de los navegantes, oficio también relacionado con el comercio a través de las rutas marinas. Los restos arqueológicos muestran la presencia, también desde época muy antigua, de comerciantes de origen fenicio, griego, etrusco, cartaginés…
Entre los restos arqueológicos localizados en Sant’Omobono, destacan fragmentos del frontón del templo de Mater Matuta, decorado con acróteras de volutas, animales salvajes sobre sus patas traseras en varios colores —marrón, azul, rojo, blanco, negro— y estatuas de terracota: un fragmento de estatua de Hércules, reconocible por su leonté o capa de piel de león; y otros fragmentos de estatua identificados con Minerva, reconocible por su casco guerrero.
Dos propuestas diferentes de reconstrucción del frontón del templo de Mater Matuta y fragmentos conservados en los Museos Capitolinos:




Estos templos y obras parecen elaborados por artistas etruscos, y puesto que se identificaban con la ideología real (en este caso con el programa político de Servio Tullio), por eso habrían sido destruidos en los primeros tiempos republicanos, aunque más tarde serían reconstruídos a instancias del general Camilo para exponer los trofeos adquiridos tras la conquista de la ciudad etrusca de Veyes (inicios del s. IV).

El abastecimiento de agua a la ciudad en la era monárquica, cuando todavía non se había construído ningún acueducto, consistía en el uso de diferentes fuentes situadas al pie de las colinas: un manantial al pie del Palatino, la fons Iuturna cerca del templo de Vesta y otra al pié del Capitolio —al lado de las scalae Gemoniae o escaleras que permitían acceder a la ciudadela, el Arx, y su templo a Juno.
En tiempos de Servio esta última fuente se acondicionó a modo de cisterna conocida como Tullianum (por en nombre gentilicio del rey, Tullio), construida de planta circular, bloques de piedra y falsa cúpula. En época republicana este espacio fue acondicionado para la creación de una cárcel, un auténtico «agüjero», pues sólo se accedía a ella a través de un hueco abierto en el techo, del que se había retirado la cúpula y sobre el que se había construido una estancia superior. Era la conocida como Carcer Mamertina.


Lapis Niger
Este es otro espacio del foro, entre el Comitium y el Tullianum, así denominado «Piedra Negra» por haber sido recubierto en época por un enlosado marmóreo oscuro. De esta manera se pretendía señalar otro lugar sagrado: aquel en el que, supuestamente, el fundador Rómulo había experimentado la apoteosis, el ascenso hacia el lugar de los dioses.
Debajo de este pavimento se guardan los restos de un sacellum o pequeño santuario, donde han aparecido los restos de una columna (quizás la base de una estatua) y un bloque prismático de piedra inscrito por sus cuatro lados — aunque no se conserva el texto íntegro—, y numerosas ofrendas (objetos cerámicos en miniatura imitando recipientes etruscos, corintios, itálicos…)




El epígrafe remonta a ca. 600 a.e., por lo que es el texto latino más antiguo conocido hasta el momento. Su contenido es el de una ley sagrada, o algo parecido, donde se menciona la palabra rex «rey» y se supone que se protege el lugar mediante una fórmula de execración (castigo divino de quien transgreda la norma). El lugar se interpreta como un heroon, palabra con la que los griegos denominaban las tumbas de sus heroes fundadores.
Tarquinio el Soberbio
Fue el último rey de Roma. En su reinado se completó el Templo Capitolino, aunque no fuese inagurado hasta después de su expulsión. De su vieja decoración arcaica se han conservado antefijas, placas de terracota con relieves en frisos representando a lanceros a caballo…, todo muy del gusto etrusco y con estrechos paralelos en obras de Veyes. De hecho, tanto la estatua de culto de Júpiter pintada de rojo de minio, como la acrótera del columen (un carro tirado por 4 caballos), se han atribuido al coroplasta de Veyes Vulca, a quien el Soberbio habría encargado los trabajos [no disponemos de imágenes de todos estos elementos].
Quizá a estos últimos años de la monarquía corresponda también la famosa escultura en bronce de la Loba Capitolina, de estilo etrusco, pero a a la que se le incorporaron los gemelos Rómulo y Remo en época posterior (los hermanos Ogulnios en 295 a.e.), luego perdidas y sustituidas definitivamente en época renacentista.

Arquitectura doméstica
A partir del siglo VII a.C., y con mayor evidencia a partir del VI, las casas romanas ya se atienen al modelo de casa con varias estancias, convirtiéndose en el tipo más estendido en toda la ciudad . Entonces surgiría también en Roma, a imitación de Etruria, el conocido tipo de «casa itálica», antecedente y modelo de la clásica domus romana propia de gente acomodada. Por aquel entonces, todas las casas se construían ya sobre zócalos de piedra, con muros de tapial y con cubiertas ya no vegetales, sino de teja.
Vemos en esta reconstrucción hipotética el «palacio» del último rey romano, Tarquinio el Soberbio, que no es más que una casa de tipo itálico de la época.


El modelo de casa itálica más antiguo surge en Etruria, donde ya desde el siglo VII a.e. se encuentran casas de planta rectangular con varias estancias, zócalo de piedra y tejado de teja. El tipo más generalizado dispone de un vestíbulo y de un patio central, a cielo abierto, llamado atrium, en torno al cual se distribuían el resto de estancias, y en el que confluían las 4 aguas de los tejados correspondientes, para recoger los pluviales.

El depósito que recogía la lluvia vertía á su vez en un depósito subterráneo, donde se almacenaba el agua. Todo ello es el antecedente itálico del sistema impluvium–compluvium característico de la domus romana clásica. La parte trasera de la domus daba al hortus, una huerta privada que sólo más tarde, por influencia griega, se convertirá en el lujoso peristilo, un patio porticado, ajardinado y con estanque.
Conclusión
El período monárquico de la Historia de Roma, que se desarrolla entre los siglos VIII y VI a.e., constituye el momento histórico transitorio entre la Prehistoria y la Época Arcaica, cuando se produce la plena configuración de la Urbs, la ciudad romana.
Por esa razón se ven emergar las primeras infraestructuras urbanas, que servirán de asiento a las grandes instituciones políticas romanas: el foro, el comicio, la domus Regia, los templos…, es decir, todo aquello por lo que se reconoce el tipo de sociedad que evoluciona hacia el modelo de ciudad-estado que veíamos en Etruria y, sobre todo, en la polis griega.
Superado el tiempo de la monarquía, veremos surgir la República romana, cuando aquel viejo asentamiento palatino muestre ya todos los ingredientes de un verdadero Estado, tanto en sus instituciones como en la producción de grandes obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas…

